Durante años, la forma en que se reparten los beneficios entre socios ha cambiado. En ese desplazamiento emerge un riesgo poco visible: la erosión del socio que sostiene la estructura sin figurar entre las estrellas del bufete
Los sistemas de compensación del partnership en firmas de abogados llevan años transformándose en silencio. El lockstep a menudo se ha gestionado tanto que ha dejado de ser lockstep. El eat-what-you-kill se ha suavizado tanto que ha dejado de ser individualismo puro. Ambos convergen hacia el mismo punto, el profit sharing, empujados por la dispersión de rentabilidad entre socios, la movilidad lateral y, ahora, la inteligencia artificial. Pero esa convergencia tiene un coste que nadie calcula: la erosión del socio que actúa como “buen ciudadano” o en palabras del profesor DeLong el “actor B”, el socio que no aparece en los rankings pero que sostiene la estructura. Moverse demasiado rápido hacia el profit sharing sin proteger a ese “actor” es cambiar un problema de retención de estrellas por un problema de colapso silencioso de la organización.
Hay transformaciones en las firmas de abogados que se producen sin que nadie las declare formalmente. No hay comunicado de prensa, no hay cambio de nombre en el modelo, no hay discurso del managing partner anunciando una nueva era. Simplemente, un día la firma tiene un sistema de compensación distinto al que tenía cinco años antes, aunque siga llamándolo igual.
Miguel Ángel Pérez de la Manga Falcón, socio de BlackSwan.
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